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Sin Tiempo


Me hinqué a orar, no por mucho tiempo,
tenía muchas cosas que hacer, eso no
es para mí, no puedo perder el tiempo.

Me tengo que apurar, pues muchas cosas
hay que terminar, y mientras decía una
oración apurada, salí corriendo.

Mi deber cristiano estaba hecho, mi alma
tranquila podría estar, pues el domingo
había ido a misa yá.

Durante el día no tuve tiempo de decir
una palabra de alegría, no tuve tiempo de
hablar de Cristo a mi amigo, pues temía
que se riera de mí.

Demasiadas cosas que hacer esa era mi
exclamación constante, no tengo tiempo...
no tengo tiempo...

No tengo tiempo de formarme.
No tengo tiempo para darme a los demás.
Y sin darme cuenta se me acabó el tiempo...

Me llegó la hora de morir...
Y cuando ante El Señor me presenté, de pié
estaba, en Su mano un libro El tenía...
era el Libro de la Vida.

Miró con tristeza en él y me dijo: "Tu nombre
no pude encontrar, alguna vez lo iba a escribir,
pero nunca tuve tiempo".


Esta meditación la compartió conmigo Edna Edith Cortinas Olguin, y la reproduzco aquí con su autorización.

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